Philippe Alcoy
30.1.21
Defensa y Justicia campeón: ¡el potrero alcanzó la gloria!
30.10.20
Jugando con balas
26.10.20
Tengo una historia para contar
25.9.20
Los Señores en el paraíso de casa bajas
Hay Señores que de vez en cuando se toman vacaciones en paraísos de casas bajas. Van con sus mujeres, que seguido son tan asquerosas como ellos. Sienten a veces aquella necesidad de hacer que La Señora se frote a jóvenes musculosos exóticos. Rentabilización de cursos de danzas tropicales encerrados en salones parisinos. Fantasías y fetichismos. Insinuar aventuras carnales que de todos modos no se concretizaran; pero La Señora habrá tenido por lo menos su propio espectáculo (imaginario) cuyo público real solo su enamorado sería, aplaudiendo tontamente, atrayendo todo tipo de embaucadores autóctonos, irresistiblemente cautivados por la presa fácil, como moscas atraídas por la mierda. La mediocridad de aquellos embusteros vernáculos, panzudos pero que antaño supieron ser jóvenes musculosos exóticos, difícilmente se disimula detrás de sus grandes sonrisas y carcajadas forzadas, queriendo hacerse amigos de la presa, que en realidad es jefe y que, a su vez, finge creer la falsa amistad de los truhanes locales. Les paga tragos, se saca fotos con ellos, les presenta a La Señora, con quien ríen con grandes boca llenas de dientes blancos, se retuercen y se abrazan, como si la ebriedad ya los hubiese cautivado. Bufones del rey. Bufones voluntarios que se creen buenos actores. A esa altura, jóvenes señoritas igualmente exóticas y tan embusteras como los jóvenes musculosos, ya se unieron a la fiesta anhelando conseguir su parte del botín. Entran en el círculo de los abrazos, y El Señor aprovecha de la distracción de La Señora para pasear su mano, varias veces, por las nalgas firmes de la juventud local. El Señor paga su ronda por una módica suma. El fin de la fiesta se acerca y los truhanes de todo tipo, más allá de algunos tragos, no cosecharon nada concreto; la presa fácil tiene instinto y profesión. No era tan fácil finalmente. Se despiden con aun más abrazos, apretones de manos y promesas de reencuentros futuros, intercambios de falsas direcciones y números de teléfono y de tarjetas de visita. Magra pesca para los malandrines; al día siguiente evidentemente no habrá reencuentros, los Señores partieron en taxi temprano por la mañana, las tarjetas de visita quedaron sobre la mesita de noche.
Philippe Alcoy.
24.9.20
Hay aromas que son mas fuertes que la memoria
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| (William Christenberry, Tenant House 1, 1960) |
Hay aromas que son más fuertes que la memoria. Y en eso me acordé de una de las escuelas primarias a la que fui. “La Uno”, como le decíamos, como todos le decían y como seguramente aun todos le dicen. Y no es porque fuera la mejor. O en todo caso supo ser una buena escuela; según el recuerdo o el mito de los más viejos. De hecho, todas las escuelas a las que fui eran “ex-buenas escuelas”. Pero lo que me trajo a ese recuerdo no fue eso sino la panadería de al lado (que incluso probablemente aun esté ahí). Es que en el momento de los recreos, uno de sus patios era envuelto por un delicioso olor a pan, a facturas. Hace mucho que no siento ese delicioso aroma. Estoy seguro de que de sentirlo significaría un viaje directo e inmediato a esa época; un viaje a ese patio, a esas mañanas doradas por el sol imponente del invierno de Buenos Aires, o de la primavera (me encanta la primavera en Buenos Aires, pero hace ya mucho que no me la cruzo). Jugábamos al futbol durante los recreos. Todos los recreos eran la ocasión para una reedición del clásico del A contra el B (sexto A contra el B, séptimo B contra el A, y así). Yo estaba en el B, y éramos los mejores. Pero los del A nos tenían literalmente de hijos. Y cada vez que nos ganaban (y eso era muy frecuente) salían cantando: “despacito, despacito, despacito, le rompimos, el c*lito...”. Patéticos. Pero evidentemente las raras veces en que ganábamos le devolvíamos el cantito, pero con más fuerza, bien pulenta y eufórico, como victoria de equipo chico. Uno de sus secretos del éxito era un tal “Julito” que en realidad era un perro, pero también un pescador. Julito se pegaba literalmente al palo y esperaba. Y cuando digo que se pegaba, es que se tenía del palo nuestro esperando a empujarla. Y ese desgraciado de Julito así nos metió infinidad de goles estúpidos (también se erró infinidad de goles increíbles abajo del arco). Pero un día una “seño” decidió prohibir el futbol durante los recreos; tal vez estimaba que nos distraía demasiado. Tomó el pretexto de la lesión de otro pata dura (y tal vez de algún que otro vidrio roto) y acabó con los clásicos del A contra el B, auspiciados por el delicioso aroma de la panadería. Y nosotros que estábamos frustrados y con bronca, así y todo obedecimos. A veces me gustaría volver a sentir ese olor, viajar a ese patio dorado por el sol y revivir por el lapso de un recreo una nueva edición del clásico del A contra el B.
21.9.20
"El Reino de este Mundo" (Alejo Carpentier), sinopsis personal
Hoy, en medio de un viaje en colectivo, terminé de leer « El reino de este mundo » del escritor cubano Alejo Carpentier. Y estuve decepcionado por el final (pero los finales siempre me decepcionan). Es una novela que transcurre esencialmente en Haití y parcialmente en Santiago de Cuba y Roma. Es una novela sobre esclavos, sobre revueltas de esclavos, sobre esclavos lacayos, sobre esclavos locos, sobre esclavos sanguinarios, sobre esclavos devenidos amos. No se habla de amor pero sí de magia y de erotismo, de provocación, de violaciones como arma de guerra. Una novela sobre racismo y clases sociales. Sobre revolución francesa y bonapartismo. En el fondo se habla de la dificultad de construir una nueva sociedad libre sobre las ruinas de una sociedad de explotación y opresión; de las contradicciones que eso conlleva. No voy a decir que el estilo de escritura me haya cautivado particularmente. Al contrario, por momentos me pareció medio pesado como forma de narrar. Sin embargo, para callar a las malas lenguas (¿?) citaré un fragmento que me agradó: “En el reino de los Cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de Tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre solo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo”.










