23.9.15

Crisis inmigratoria en Europa: ¡a desalambrar!


Philippe Alcoy
Martes 22 de septiembre de 2015

“A desalambrar, a desalambrar
Que la tierra es nuestra
Es tuya y de aquel
De Pedro y María, de Juan y José”

“A desalambrar”. Ese es el título de una célebre canción del gran compositor y cantante uruguayo Daniel Viglietti. Viglietti se refería a una reivindicación popular histórica en el continente americano: la reforma agraria; la expropiación de los latifundistas y el reparto de la tierra entre los campesinos pobres. Pero hoy, ante las imágenes horrorosas que vemos en Europa y sobre todo ante la respuesta represiva de los diferentes gobiernos de la región frente a lo que ellos llaman “la crisis inmigratoria”, no podemos más que retomar fuerte y alto ese grito: ¡A desalambrar, a desalambrar las fronteras!


Sí, “a desalambrar” porque desde hace varios meses las imágenes de vallados de alambre de púa a lo largo de kilómetros y kilómetros de fronteras inundan las páginas de periódicos, los noticieros, las redes sociales. Niños, mujeres, ancianos, jóvenes y hombres extenuados los atraviesan como pueden, rasgando sus vestimentos al pasar, apresurado para que guardias no vengan a reprimir, tirar gases, dar matracazos.

Hungría se transformó en un país central… para la travesía de miles de inmigrantes hacia los países imperialistas de la UE. Para muchos, Hungría es la puerta de la UE y supuestamente el “último obstáculo” antes de llegar a Austria o a Alemania. Hungría se transformó para muchos en una pesadilla. Las últimas leyes anti-inmigratorias votadas por el gobierno reaccionario de Viktor Orban estipulan penas de entre tres y cinco años, y hasta deportaciones, para quien atraviese la frontera ilegalmente.

Pero Orban no es el “monstruo de Europa”… o por lo menos no el único. Como es sabido por todo el mundo: ningún inmigrante quiere instalarse en Hungría sino pasar por ese país para llegar a su meta que son los países más ricos del continente. En otras palabras, Orban (pero también gobiernos vasallos como el de Macedonia, que ni siquiera hace parte de la UE) está haciendo el “trabajo sucio” de Merkel y otros gobiernos imperialistas.

Pero el rol de Orban es fundamental para evitar ver escenas de violencia y represión contra los refugiados e inmigrantes no ya en la frontera de un país semicolonial como Hungría sino en las puertas de Alemania, Austria, Francia, Holanda, Bélgica. Cabe decir sin embargo que esto ya se produce en la frontera entre Francia y Gran-Bretaña en donde inmigrantes y refugiados que intentan cruzar hacia la orilla inglesa son duramente reprimidos por los gobiernos de ambos países.

Pero el flujo de refugiados e inmigrantes continúa. Para quien escapa de la guerra, las bombas y la miseria, alambres de púas, matracas y gases no son suficientes para detenerlo. Tampoco son suficientes la hipocresía y el cinismo de gobernantes que hablan de “inmigración ilegal”, de “clandestinos”. ¿Quién ya vio refugiados de guerra tomarse el tiempo de pedir una visa? Y por más que pudiesen, la UE es uno de los lugares más hostiles para inmigrantes y refugiados en el mundo y sus leyes de extranjería hacen del continente una verdadera fortaleza reaccionaria.

Sin embargo, en varios países europeos pudimos asistir a importantes muestras de solidaridad por parte de la población. Desde marchas masivas hasta la organización concreta de la solidaridad aportando alimentos, vestimentas, bienes de necesidad básica. Ante la anulación de trenes a destinación de Austria o Alemania desde Hungría y la reinstauración de controles en las fronteras, se llegó incluso a organizar el transporte de los refugiados e inmigrantes en los automóviles particulares de personas provenientes de Austria y Alemania.

Pero ante semejante drama esto ya no es suficiente. En algunos países son incluso las tendencias más xenófobas y racistas que están ganando terreno más que la solidaridad. Pero lo más terrible tal vez es la falta de respuesta por parte de las organizaciones del movimiento obrero europeo. Tanto se habla del “modelo social” europeo, de los méritos de la “cooperación” entre patronal, Estado y sindicatos. La realidad es que las direcciones de los principales sindicatos fueron completamente ganadas a la defensa de los intereses del capitalismo nacional.

Y esto tiene consecuencias en la consciencia de los trabajadores. No solo prepara un terreno favorable a las ideas nacionalistas, a los prejuicios racistas, al corporativismo sino que destruye los lazos de solidaridad de clase y la confianza misma de los trabajadores en su capacidad de luchar para defender intereses de clase. Es en ese sentido que muchos trabajadores temen que la llegada masiva de inmigrantes tenga como consecuencia una degradación de sus condiciones de trabajo y del nivel de salarios, sobre todo en medio de una crisis económica histórica.

Al contrario, la supuesta “crisis inmigratoria” podría ser utilizada por las organizaciones del movimiento obrero como una muestra de la verdadera naturaleza de la clase dominante y de su personal político en Europa. La llegada masiva de refugiados e inmigrantes, junto a la crisis económica y las medidas de austeridad impuestas a varios países europeos, revela las contradicciones e hipocresía del discurso del imperialismo sobre la supuesta naturaleza democrática y respetuosa de los derechos humanos de la UE.

La organización de la solidaridad concreta pero también de una lucha contra las políticas reaccionarias de los gobierno de la UE lanzada desde sindicatos, organizaciones de la juventud, estudiantiles, de barrios populares podría dar gran confianza a los explotados y oprimidos y ayudar a la recuperación de cierta tradición internacionalista del movimiento obrero europeo.

Una campaña de solidaridad de este tipo podría ser la base para el lanzamiento de un movimiento social europeo internacionalista en la que miles y millones de personas en las calles, lugares de trabajo y estudio, en los barrios, impusieran a los gobiernos reaccionarios de la UE la apertura de las fronteras y el recibimiento en condiciones dignas a todos los refugiados e inmigrantes. Sería también la mejor arma para luchar contra las ideas y los grupos y partidos de extrema derecha en Europa.

De este modo igualmente, como hemos visto a miles de automovilistas voluntarios desafiar las políticas gubernamentales que impedían el desplazamiento de inmigrantes, podríamos ver a miles movilizarse hacia las fronteras para abrirles las puertas a nuestros hermanos y hermanas refugiados e inmigrantes. De este modo el “¡A desalambrar!” de Viglietti podría transformarse en una política concreta en las fronteras hoy en día herméticas del la UE.

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