5.7.14

La huelga de los ferroviarios fue una advertencia para Hollande


Philippe Alcoy
Fuente: LVO


Desde hacía varios meses era la oposición por derecha al gobierno de Hollande, con las movilizaciones reaccionarias contra el matrimonio igualitario y los resultados electorales de la extrema derecha, lo que resaltaba en el paisaje político francés. La huelga de los ferroviarios de junio último, que duró 15 días, representó la oposición obrera más dura a la que el Partido Socialista tuvo que enfrentar desde que asumió el poder en 2012. Además de presentar una ruptura alentadora en un panorama político corrido a la derecha, esta huelga exhibió las primeras fisuras del método de “dialogo social” empleado por el PS y su “pacto social” con la patronal francesa.


Primera oposición obrera seria contra los ataques de Hollande

Varios ataques duros contra los trabajadores fueron aplicados desde que el PS llegó al poder en 2012: flexibilización laboral, jubilaciones, reducción de impuestos para la patronal a costa de las clases populares y la degradación de los servicios públicos. Las burocracias de las distintas centrales sindicales, luego de “negociaciones” con el gobierno y la patronal, o apoyaban abiertamente las reformas o decían oponerse pero sin organizar la mas mínima resistencia. Así, ataron de pies y manos a los trabajadores sin permitirles defenderse.

La reforma ferroviaria que abre las puertas en el futuro a la supresión de ciertas conquistas sociales de los trabajadores del sector, la atomización de éstos y en fin de cuentas prepara la apertura a la privatización de esta empresa pública (SNCF) debería haber pasado como las otras… Pero esta vez los trabajadores resistieron. Frente a la presión de la base, la burocracia de la CGT, junto con SUD (sindicatos de los ferroviarios), convocó a una huelga, que esperaba que solo durase pocos días. El nivel de acatamiento fue altísimo. En algunos lugares llegaba al 90%.

Los trabajadores estaban dispuestos a seguir la lucha, lo que hacía difícil para la burocracia sindical parar la huelga. Por momentos la burocracia se vio parcialmente superada por las iniciativas de la base. Los signos de nerviosismo del gobierno eran claros, lo que se traducía a través de una campaña furiosa anti-huelguista en la prensa y en las estaciones de tren.

Traición sindical

La burocracia sindical de la CGT desde el principio no tuvo ninguna intención de llevar a cabo una lucha seria contra la reforma, sino más bien una huelga testimonial de presión parlamentaria. Pero ante la disposición a la lucha de la base le era imposible traicionar abiertamente. En ese sentido optó por dejar que la presión económica hiciera que poco a poco los trabajadores se vieran obligados a retomar el trabajo. Para eso, impidió todo intento de crear un fondo de huelga y para no ser sobrepasada por la base, obstaculizaba toda iniciativa de auto-organización y de confluencia entre los ferroviarios de las distintas estaciones y sectores.

Es así que la ley fue aprobada por el parlamento y que a pesar de la voluntad de lucha, los trabajadores de distintas estaciones y ciudades fueron volviendo al trabajo. Frente a esta política Sud-Rail nunca presentó una alternativa a la CGT, al contrario tuvo una política completamente seguidista.

¿Una nueva situación en el movimiento obrero?

A pesar de esta derrota reivindicativa los ferroviarios no dan signos de desmoralización. Es que una nueva camada de obreros y obreras jóvenes salieron a la lucha, confluyendo a veces con otros sectores en lucha (precarios, carteros), lo que no estaba en la expectativa de casi nadie.

Esta huelga, sin cambiar las tendencias más generales de la situación general en Francia, podría abrir una situación nueva en el movimiento obrero. La lucha de los ferroviarios alentó y reforzó la lucha de otros sectores. También abrió una brecha en el “modelo de diálogo social” (cooptación de la burocracia sindical) que emplea el PS para contener la resistencia popular a sus ataques. La huelga de los ferroviarios creó un precedente que sin ninguna duda tanto el gobierno y como la burguesía temen de cara a las próximas contra-reformas que deberán aplicar.

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