20.7.15

Srebrenica: a veinte años del último genocidio europeo


Philippe Alcoy

El 11 de julio de 1995 el enclave bosniaco-musulmana de Srebrenica caía. Del 13 al 16 de julio de 1995 el ejército de los serbios de Bosnia dirigido por Ratko Mladić exterminaba más de 8000 hombres y jóvenes bosniaco-musulmanes de la ciudad en edad de combatir. Todo esto frente a la total pasividad de los cascos azules holandeses de la ONU.


Algunos meses más tarde los acuerdos de Dayton, que concretizaban la partición étnica del país, eran firmados y la guerra llegaba a su fin. A veinte años del último genocidio en territorio europeo, todos los responsables están lejos de haber sido castigados y cicatrices aun quedan abiertas.

Srebrenica junta a Goražde y Župa eran los tres enclaves bosniacos en el territorio dominado por las fuerzas nacionalistas serbias en el Este del país. La población bosniaca de las ciudades y pueblos vecinos se había aglomerado en estos enclaves para escapar a los ataques del ejército de los serbios de Bosnia. La población bosniaca se encontraba encercada, asediada y con un acceso muy limitado al abastecimiento de alimentos y medicamentos. Se trataba de un plan consciente del ejército serbio de Mladić.

En 1993 el general francés Philippe Morillon, comandante de las fuerzas de la ONU (FORPRONU), se dirigió a Srebrenica llevando víveres. Cuando la delegación de la ONU se preparaba para volver a Sarajevo los habitantes de la ciudad bloquearon la ruta denunciando el abandono en el que “los Occidentales” los dejaban ante los ataques de las fuerzas serbias. Después de haber sido retenido en la ciudad por dos días el general francés se dirigió a la multitud con estas palabras: “vine por mi propia voluntad y decidí quedarme, en Srebrenica; de ahora en mas están bajo protección de las fuerzas de la ONU”.

Luego de este evento la ONU se vio obligada a declarar la ciudad “zona de seguridad”… pero bajo las condiciones impuestas por el jefe militar de los serbios de Bosnia Ratko Mladić y el líder político serbio Radovan Karadžić. Éstos exigían que las fuerzas de resistencia de la ciudad fueran desarmadas. La ONU aceptó estas condiciones e impuso el desarme de los defensores de Srebrenica.

Así, las fuerzas serbias obtenían una primera victoria gracias a la “intervención humanitaria” del imperialismo: mientras la ciudad seguía aislada y asediada por las fuerzas serbias (la defensa de ésta por las tropas de la ONU no era más que una vaga promesa), los serbios obtenían el desarme de los que hubieran podido presentar algún tipo de resistencia o incluso impedir que la ciudad cayera. Así, las fuerzas de Mladić solo esperaban el momento oportuno para lanzar el asalto final.

La responsabilidad de las potencias occidentales

 

Un largo artículo publicado recientemente en el periódico británico The Guardian revela la responsabilidad y complicidad de las potencias imperialistas occidentales en la caída de Srebrenica, lo que hacía parte de un plan para obtener un rápido acuerdo de paz poniendo fin a la guerra más sangrienta en suelo europeo desde el fin de la segunda guerra mundial.

Si bien es conocida la responsabilidad de los cascos azules holandeses, que abandonaron a la población de Srebrenica que les pedía ayuda, los autores del artículo del Guardian revelan que numerosas pruebas demuestran que la “caída de Srebrenica hacia parte de una política elaborada por los “tres grandes” - Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia – y los dirigentes de la ONU que buscaban firmar la paz a todo precio; una paz terrible a costas de Srebrenica…”.

Los dirigentes políticos y militares imperialistas consideraban que los enclaves eran “indefendibles” y sobre todo que para llegar a un acuerdo de paz rápidamente con los representantes serbios había que dejar caer los territorios bosniaco-musulmanes. Así, según el ex ministro holandés de la defensa Joris Voorhoeve, los servicios secretos de los Estados Unidos y de Gran Bretaña estaban al tanto desde el mes de junio 1995 del plan de los serbios de acararse de los tres enclaves bosniacos.

Más aun, el 8 de marzo el comando del ejército de los serbios de Bosnia publicaba la “Directiva 7” que ordenaba la toma de los enclaves, al mismo tiempo que Ratko Mladić declaraba ante la asamblea de los Serbios de Bosnia su intención de “hacer desaparecer” la población bosniaca de los enclaves. Todo esto era de público conocimiento y los gobiernos occidentales estaban al tanto.

Ante estos hechos, se puede medir toda la hipocresía de Gran Bretaña que estos últimos días intentó hacer adoptar una moción en la ONU reconociendo el genocidio en Srebrenica. Ésta fue de hecho vetada por Rusia, lo que constituye una prueba suplementaria del carácter reaccionario del régimen de Putin.

Dayton y la aceleración de la “limpieza étnica”

 

El genocidio de Srebrenica se produjo en julio de 1995 cuando se hacía cada vez más claro que nos dirigíamos hacia une división “étnica” del territorio de Bosnia-Herzegovina. Así, la operación de “limpieza étnica” en Srebrenica, así como la deportación y el masacre de civiles serbios de Krajina en Croacia durante la “Operación Tormenta” llevada a cabo por el ejército croata en agosto de 1995, buscaban legitimar la ocupación de los territorios y poder luego reivindicarlos como “territorios nacionales” en las negociaciones de reparto de los restos de la ex Yugoslavia.

En la lógica del plan reaccionario de “división étnica” de Bosnia-Herzegovina el problema planteado por la existencia de enclaves musulmanes en el futuro “territorio serbio” solo podía ser resuelto por la conquista de éstos y una “limpieza étnica”. Es significativo que de los tres enclaves solo Goražde, que había podido resistir al ataque de las fuerzas serbias porque se opuso al desarme, haga parte hoy en día de la federación croato-musulmana, una de las dos entidades que componen el Estado de Bosnia-Herzegovina actualmente (la otra es la entidad serbia, Republika Srpska).

La unidad de los explotados y oprimidos frente al nacionalismo y al imperialismo

 

A los sufrimientos durante la guerra en Bosnia hay que sumarle un proceso de privatizaciones y de desindustrialización que le siguió, lo que significó miseria, desempleo y degradación general del nivel de vida. Con una tasa de desempleo de 40% y una gran parte de la población dependiente de las subvenciones del Estado, la situación de las clases populares del país, ya sean serbias, bosniacas o croatas, es desastrosa. El clientelismo, la corrupción y el control de los empleo públicos por parte de los partidos nacionalistas hace parte de la vida cotidiana de la población.

Desde el comienzo de la crisis económica internacional, la situación se está agravando. Los dirigentes imperialistas, que diseñaron los acuerdos de Dayton hace 20 años, presionan hoy en día para que se lleve a cabo una reforma del Estado bosnio en el sentido de más centralización… para aplicar los ajustes exigidos. Los dirigentes serbios por su parte se transformaron en los principales defensores de la “Bosnia de Dayton”. Estos acuerdos les dan un poder político y económico que ni la unificación con Serbia ni la independencia le ofrecerían.

Frente a esta situación las clases populares de Bosnia-Herzegovina supieron asustar tanto a los partidos nacionalistas como al imperialismo durante la explosión social de febrero de 2014. En esa ocasión una parte de la clase obrera, junto a la juventud precaria, expresó su rechazo a la casta política en el poder desde el fin de la guerra, a las privatizaciones que permitieron a capitalistas locales e internacionales apropiarse la riqueza nacional, pero también a la Bosnia de Dayton.

Desde ese entonces nada cambio realmente en la situación de la clase trabajadora y de las masas populares del país y las consecuencias políticas y económicas de la guerra de 1992-1995 están aun presentes. Se trata de una situación insostenible. El rol de la clase obrera será determinante para evitar que la crisis del régimen de Dayton sea capitalizado por tendencias todavía más reaccionarias que les que dominan el país desde hace 25 años.

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