7.12.09

La UIA, los sojeros y la liebre patagónica

Fuente: LVO N° 354

“La industria y el campo unidos”, repiten los 800 empresarios reunidos en la XV Conferencia Anual de la UIA, con la presencia de la Mesa de Enlace campera, en el Sheraton de Pilar. Y es un mensaje a mano abierta, directo a impactar en la cara de los Kirchner.

Mientras el Ministerio de la Producción retiró el auspicio al evento, la UIA hizo ostentación de la presencia de Duhalde. El Capo de Lomas de Zamora dejó correr por los medios una frase memorable: “Al ´Pingüino´, en abril lo habremos convertido en una liebre patagónica”.

“Nunca fuimos oficialistas” miente Héctor Méndez, presidente de la UIA, la corporación patronal mimada, hasta ayer nomás, de los Kirchner. Pero eran otras épocas. Ahora lo consideran un escollo para encarar los desafíos futuros e imponer el programa que une a industriales y patrones del campo.

No sólo los une el amor a la devaluación del peso, sino también el espanto hacia un gobierno al que el grueso de la clase dominante dejó de considerar como propio. ¿Dónde fue a parar el empresariado que alguna vez el kirchnerismo denominó como “nacional y popular”? Sólo las Pymes y empresarios del calzado y textiles que subsisten gracias a la ayuda gubernamental intentaron batir una tibia defensa. Pero cómo hacerlo, si a su lado tenían a exasperados que bramaban: “Néstor está loco. Nos va a terminar expropiando a todos”, o “Miren Kraft; miren Zanón en Neuquén: la está manejando Madame Bonafini”. Son declaraciones del “derechaje” zarpado, tan verosímiles como las de Belén de la CGT, cuando dijo que “la CTA está manejada desde afuera por la Cuarta Internacional”.

Hoy la plana mayor de la burguesía argentina se perfila para una nueva arremetida. La ecuación es sencilla: pronostican un crecimiento de entre el 4 y 6% que, según Cristiano Rattazzi de Fiat, traerá aparejada una inflación del 30% anual. Pretenden entonces poner un techo a la discusión salarial para las paritarias de 2010 y atar, en lo posible, los aumentos de salarios a una mayor productividad. Saben que esto no será gratuito, por lo que el empresariado no deja de ocultar su preocupación por una conflictividad social que indefectiblemente irá en aumento. Todos allí son concientes de la decadencia de la burocracia sindical para contener la lucha obrera. Por eso prefiguran, con inmejorable instinto de clase, qué sucedería si un escenario como el de Kraft se multiplicara.

Caramelos y soja

El presidente de la Conferencia fue Adrián Kauffmann de Arcor, cuyo dueño Luis Pagani es el jefe de la AEA, la crema del empresariado que bendijo la unidad de industriales y agrarios. Principal productor mundial de caramelos, Arcor creció bajo la dictadura militar y se expandió aún más con Menem y de la mano de un hombre cercano a la empresa, Domingo Cavallo y la Fundación Mediterránea. La unidad de los Pagani con los patrones de la soja, ya se había soldado en la localidad de Salto, uno de los epicentros del conflicto del campo y donde Pagani posee una planta de la que se jacta por ser la más evolucionada de galletitas de la Argentina. Mientras los partidarios de Miguens, Biolcatti y Bussi cortaban las rutas para bajar las retenciones, Pagani echaba a 120 trabajadores de la alimentación. Esos mismos empresarios son los que le han anunciado al gobierno que, por lo que a ellos respecta, sus días están contados.

Patrones industriales y agrarios: “Hermanos de leche”

Un momento de gran emoción de la Conferencia de la UIA fue cuando Ricardo Lorenzetti, jefe de la Corte Suprema de Justicia, hizo una cerrada defensa de la propiedad privada capitalista: “es un derecho que protege lo que se ha ganado”. Y sí, es el derecho que los patrones ganaron con la sangre y crujir de los huesos del pueblo trabajador.

La Unión Industrial Argentina fue fundada por un terrateniente de renombre, Martínez de Hoz, en 1875. Como dijo el historiador marxista Milciades Peña, patrones industriales y agrarios son “hermanos de leche”. En 1899, el senador Miguel Cané a pedido de los industriales impulsaba la Ley de Residencia que se aprobaría en 1902. Era una ley surgida a raíz de los conflictos obreros que le confería al Poder Ejecutivo la libertad de expulsar del país a aquellos extranjeros considerados peligrosos. Los anarquistas, fundadores del movimiento obrero argentino, fueron los “beneficiarios” indiscutibles.

Con el correr de los años, tanto los industriales como la oligarquía rural seguirán ofreciendo variaciones de la Ley de Residencia originaria. En 1959, la UIA impulsó la denominada Acción Coordinadora de Instituciones Empresarias Libres (ACIEL), un conglomerado patronal que incluía a la Cámara Argentina de Comercio, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y la Sociedad Rural Argentina. El objetivo del momento era apoyar la política entreguista de Frondizi y la represión contra el movimiento obrero nacido de la llamada resistencia peronista.

En agosto de 1975, los grandes grupos capitalistas fundaron, en paralelo a la UIA, la APEGE (Asociación Permanente de Entidades Gremiales Empresarias), cuya función política fue promover el golpe de Estado. La Ley de Residencia tomaba la forma de campos de concentración para aniquilar a la vanguardia obrera.

Esa es la tradición que reivindican la mayoría de los presentes en la XV Conferencia de la UIA.

Es la tradición de una burguesía argentina que se prepara para enfrentar una agudización en la lucha de clases que será inevitable.

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