26.8.09

Montpellier, Francia - La Place de la Comédie: un lugar de consumo, de circulacion y de exclusión


La « Place de la Comédie » es sin lugar a dudas el lugar mas emblemático del centro histórico de Montpellier, “ciudad estrella, conocida en todo el país y apreciada en el exterior por su dinamismo y su ‘look’, [en donde] turistas, tecnócratas y homosexuales, pero también africanos y asiáticos afluyen…[1]. Con seguridad, este “charme” y encanto podemos encontrarlo condensado en e lcentro histórico y particularmente en La Place de la Comédie: salas de cine, tiendas de ropa y de lujo, la Ópera, exposiciones de todo tipo, bares, restaurantes, un centro comercial, librerías…

Con la muy linda “Fontaine des Trois Grâces” y la Ópera de fondo, tenemos un a imagen digna de una postal. Por momentos, sobre todo los fines de semana y los días feriados, uno tiene la impresión de estar inmerso en un mar de gente: las personas van y vienen sin para, es un flujo constante de peatones. La place de la Comédie es también un lugar de encuentros. Muchos jóvenes y estudiantes se dan cita en este lugar tan simbólico de la ciudad.

Pero en La Place de la Comédie no hay solamente personas “desesperadas” por consumir y jóvenes ávidos de encuentros. También encontramos un número muy importante de mendigos, de personas sin hogar, de músicos callejeros y los tan temidos jóvenes “punks” con sus perros feroces. Como podemos imaginar, estas personas no son las mas indicadas para presentar a Montpellier domo una “ciudad atrACTIVA”. Es por eso que en el verano, cuando la mayoría de los turistas llega a la ciudad, la municipalidad decreta la prohibición de la mendicidad en el centro histórico con el pretexto de que esta actividad atenta contra el “derecho constitucional de circular libremente”.

Sin embargo, las leyes contra la mendicidad y el hostigamiento policial a este sector altamente marginalizado y excluido de la sociedad capitalista, no son los únicos efectos de la lucha de las autoridades de la ciudad por esconder esta realidad (una lucha que de hecho es una lucha contra los excluidos y no contra la exclusión). Como dice el sociólogo Jean-Pierre Garnier, este es un aspecto de la “política urbana, sin embargo, dejado hasta el momento un poco en la sombra: la remodelación física del espacio construido con fines mas o menos explícitos de defensa social contra un “nuevo enemigo interior”: no el “subversivo” que querría, como en el pasado, destruir el orden social (…) sino el “mal pobre”, el que, de una forma o de otra, perturba el orden social, hasta por su simple presencia, como es el caso de los mendigos o de las personas sin abrigo[2].

Por momentos, estos dispositivos urbanos pueden ser claros y agresivos, pero también pueden ser mas sutiles. Un ejemplo de los dispositivos “agresivos”, o mas visibles, son los piquitos que se colocan en los pies de las vitrinas de las tiendas para evitar que las personas se sienten y obstruyan la visión de los artículos en venta; o los bancos públicos con una barra metálica en el medio para evitar que las personas sin abrigo duerman en ellos. Evidentemente, a pesar de su agresividad clara, estos dispositivos están un poco disimulados: los piquitos están hechos de forma mas o menos “decorativa” para que no sean muy chocantes; igualmente, las barras metálicas en los bancos tienen toda la apariencia de estar delimitando el espacio de cada persona sentada.


Entre los dispositivos “sutiles” el mas “evidente” en la Place de la Comédie es la remodelación de la “Fontaine des Trois Grâces”. En efecto, “las célebres Trois Grâces no podían sufrif por mas tiempo la promiscuidad poco agradable de los punks desalineados en compañía de sus perros ruidosos (…) Con el pretexto, una vez mas, de embellecimiento, el estanque y los bordes que la rodeaban fueron remplazados por simpáticos escombros de piedras por donde el agua se desliza permanentemente, obligando a la “chusma” a trasladarse a algunos pasos de ahí”[3].

Pero, por mas que estos dispositivos tengan como principal objetivo disuadir a algunos “elementos indeseables” de quedarse en el centro de la plaza a la vista de todos (especialmente de los turistas), pidiendo monedas o sin hacer nada, éstos tienen otro efecto: transforman la Place de la Comédie en un lugar casi exclusivamente de circulación. Al no haber mas lugares públicos –gratuitos- para sentarse (bancos, bordes de la fuente) en el centro de la plaza, la persona que quisiera solamente observar el paisaje, pasar el tiempo con amigos o simplemente descansar de un paseo cansador, está obligado a hacerlo en una mesa de un bar o de un café –lo que no es gratuito- ya que son los únicos dispositivos disponibles para este fin en la plaza… ¡Consuma o siga su camino! De este modo, por mas que algunos sepan improvisar mientras esperan amigos o amigas, novio o novia, la Place de la Comédie se transformó en un verdadero lugar de circulación, en donde las personas solo paran para consumir. Mas todavía, ahora uno ya no puede ni siquiera sentarse en las escaleras de la Ópera ya que se instalaron mesas de café en la explanada delante de la puerta… ¡y quedarse sentado en las escaleras obstruye la vista de los clientes!

Sin dudas, podemos encontrar los orígenes de estos fenómenos en causas mas profundas como la competencia entre las ciudades para atraer turistas, empresas y estudiantes y, relacionado con esto, en la lógica de la estimulación al frenesí del consumo, motor del capitalismo. Esto explica también los esfuerzos en publicidad de las municipalidades par auto-crearse una imagen “vendible”, como es el caso de Montpellier que supuestamente es una “AtrACTIVA Ciudad”: es decir, una ciudad “atractiva”, “activa” y que posee un cierto “atractivo”. En definitiva, esto es solo un ejemplo, entre tantos otros, de las políticas, abiertamente o sutilmente, agresivas de la burguesía y de sus gobiernos contra los sectores mas pobres de la sociedad.


[1] La destruction des Villes par leur immage. L’exemple de Montpellier; Ronald Creagh, in Prétentaine, “Villes”, hiver 2003/04, page 127.

[2] L’aménagement urbain à l’heure sécuritaire; Jean-Pierre Garnier, in Prétentaine, “Villes”, hiver 2003/04, page 108.

[3] J.P. Garnier, op. Cit, page 121.

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